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Quejas, quejas, quejas...

Y tú, ¿de qué te quejas?


Llevo varias semanas observando más detenidamente. Observándome a mi y observando el entorno en el que interactúo o donde voy estando.


Y la verdad que resulta muy interesante pararte a escuchar y simplemente observar, viendo qué sucede a tu alrededor o también, observándote a ti mismo, observando qué dices, cómo lo dices, a quién te diriges...


Algo que estoy viendo es la "necesidad" que tenemos de incluir quejas en una conversación. Parece que si de alguna manera, no las soltamos, no nos quedamos a gusto, llegando incluso algunas a ser un continúo vaivén de quejas.


¿Por qué nos gusta tanto quejarnos?

¿Para qué nos quejamos?


Quejas, quejas, quejas... simples comentarios o diálogos más elaborados que nos llevan a escupir algo de cosas sobre las que, igual, no podemos hacer nada. Y yo me pregunta, ¿para qué nos quejamos entonces? ¿Qué ganamos con ello? Pero es que quejarnos "mola".

O eso es lo que me parece al observar.


O igual puede que estemos tan dormidos y cegados, que no nos demos cuenta de la cantidad de quejas y quejas que lanzamos al día, las cuáles, nos desgastan energéticamente sin darnos cuenta. Luego estamos agotados, más cabreados, frustrados... pero es que nosotros mismos generamos esa energía al no parar de quejarnos y entrar en esos estados.


¿Has probado a pasar un día libre de quejas? Buscar alternativas a quejarte. Alternativas que sean más potenciadoras, a darle una vuelta a todo eso y hacer que cuando hables, tus palabras sean más ricas y constructivas.


Pues te invito a probarlo y que tú mismo lo experimentes.


Si yo te comparto algo, siento que al liberar cada vez más parte de ello y también, evitar ese tipo de conversaciones, cada día me siento mejor, con más paz y calma interior y a la vez, con energía y ganas.


Es hora de pasar a la acción.


Déjame tu comentario.

Te leo.


Un saludo.

Andrés López.


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